Hola, hola.
Siento que estoy invadiendo un espacio personal al escribir en este blog, pero estamos aquí para intentarlo y, sobre todo, para dejar un rastro de nuestros días. Ahora sí que, para la posteridad.
No hay mucho que actualizar. La vida ha estado relativamente tranquila desde que terminó la Escuelita Bíblica. ¡Fiuuu! Ya, gracias a Dios.
Hoy es martes, pero el domingo pasado fue uno diferente y del cual estoy orgullosa. ¡Wujuuuu! Salí con Mafer a la fiesta de la hermana de Jelipita (Dios, espero que esto sea privado porque nunca me acuerdo de su nombre. Ups).
Fue algo totalmente fuera de mi zona de confort, perooooo Villa te orilla a hacer esas cosas con tal de no morir de aburrimiento. Estuvimos en la terraza del Hotel Tabasco Inn. Súper random, pero estuvo agradable: no hacía tanto calor y ponían música tipo house.
Llegaron varias niñas de la gene de abajo nuestra, lo que me dio un poquito de envidia porque eran varias y, mínimo, se tienen unas a las otras. La verdad es que las anfitrionas (cuyos nombres ya olvidé) fueron súper atentas y lindas. La hermana mayor, de nombre (¿Paola?, creo...), me presentó a unas amigas de su estudio bíblico e incluso me invitó a ir con ellas un día (quizá lo haga). Eso confirmó mi sospecha de que es cristiana igual que yo. Hasta le dije: "¿Verdad que tú eres de mi equipo? O sea, ¿cristiana?". Jajaja.
A lo que voy con todo esto es que me sorprendió darme cuenta de que me convertí, aunque fuera un poco, en aquello que juré no ser. Me sorprendió verlas relajadas, tomando; una incluso estaba un poquito peda. Y las juzgué... pero también me juzgué a mí misma por estar ahí un domingo.
Son de esas dudas existenciales que he tenido últimamente. ¿Se puede adorar a Dios y, al mismo tiempo, hacer este tipo de cosas? ¿O será, como dice la frase, que todo está bien con medida?
Yo, y esto es muy personal, no creo que Dios nos haya puesto en este mundo para ir por ahí tiesos, sin sentir, sin disfrutar. Pero entonces... ¿hasta qué punto?
Me dolió descubrir que, por un momento, me convertí en eso que más he odiado de algunas personas de la iglesia: esa postura tan extremista. Pero, al mismo tiempo, también me sentí un poco hipócrita. No lo sé. Creo que es una batalla interna que todavía no logro descifrar, aunque escribirla me ayuda.
También me sentí aliviada de no ser la única en esa situación: amar profundamente a Dios y, al mismo tiempo, querer disfrutar del día a día.
Y asiiii...
El lunes fue un día tranquilo. Según yo iba a ir al gym, pero al final terminé comprando cosas para el baby de Mapau, jajaja. Tambien me encontre con una frase adjunto una foto de un camión que tenía la frase: "Siempre loco, nunca tristes."
Amé esa frase. Me hizo pensar en la poesía callejera que existe en esos pequeños detalles que uno encuentra cuando realmente observa.
Pero bueno... hasta la próxima.
Con amor,
Mafer.

